Bettinotti y Fernández

jueves, 30 de julio de 2009

Monsanto se compromete a nueva investigación de trigo transgénico


Firme el Rechazo Global del Trigo Modificado Genéticamente - Plazo:

31 de agosto del 2009 http://es.cban.ca/content/view/full/503

DIGA NO AL TRIGO MODIFICADO GENÉTICAMENTE



Monsanto acaba de anunciar investigación para desarrollar el nuevo trigo modificado genéticamente (MG) y la industria está pavimentando el camino para la aprobación del trigo MG. Sin embargo en 2004, el trigo MG fue rechazado por los campesinos y consumidores en todo el mundo.

Súmase a la Declaración de Rechazo Global del Trigo MG y Pare a Monsanto Ahora.

TOME ACCIÓN

Sume su organización al rechazo global del trigo MG en http://es.cban.ca/content/view/full/503
o envíe un correo electrónico a info@cban.ca

domingo, 26 de julio de 2009

Agrovenenos: el pacto de la muerte


Diego Griffon B, para

Colectivo Lapatilla (http://www.colectivolapatilla.blogspot.com/)

Durante la segunda mitad del siglo veinte, la humanidad firmó un pacto con una gota de sangre. En este contrato se nos prometía cosechas fabulosas y el fin del hambre. Para obtener estos beneficios, solo se nos exigió seguir al pie de la letra las indicaciones de unos científicos patrocinados por la Fundación Rockefeller. Estos científicos nos ordenaron artificializar nuestros campos de cultivo. Según ellos, para resolver nuestros problemas solo hacía falta utilizar semillas de alto potencial genético, abundante riego, mecanización y…VENENOS.

Han pasado generaciones desde que firmamos este pacto, las cosechas han aumentado, pero el hambre no ha desaparecido. Actualmente el hambre no es un problema de producción, es un problema de distribución. El sistema económico que rige el mercado de alimentos, determina que estos se dirijan hacia donde hay dinero, no hacia donde hay hambre, este es el problema de fondo. Sin embargo, existe otro problema, tal vez aun más grave. El pacto que firmamos, no es diferente del que firmó Fausto, el nuestro también comprometió nuestro futuro.

Nuestros asesores nunca nos dijeron que las grandes cosechas de la actualidad son obtenidas a expensas de las cosechas del futuro. Para ser justos con la historia, ellos tampoco estaban al tanto de esta situación, pero también es cierto que no les interesó averiguarlo. Las consecuencias del pacto que firmamos no tardaron en aparecer, Rachel Carson (1962) nos advirtió tempranamente sobre los peligros ecológicos del uso de venenos para producir alimentos. Sus advertencias motivaron el nacimiento del movimiento ecologista, pero también significaron el comienzo del lado más oscuro de esta historia.

El libro de Carson motivó una gran reacción por parte de los sectores de la sociedad sensibilizados por la problemática ambiental. El libro también motivó la contra reacción de las compañías de agroquímicos, dueñas de las patentes de los venenos acusados. Es aquí donde nuestros asesores, los científicos agrícolas, dejan de ser inocentes. Los científicos se alinearon con los intereses de las compañías, confabulando en contra de los intereses de la sociedad. Esta situación fue claramente denunciada por Robert Van Den Bosch en un libro titulado 
La conspiración de los plaguicidas (1978). Lamentablemente, como lo denuncia Paul Erlich en la última edición del libro, poco han cambiado las cosas desde su primera publicación.

Sentado en una mesa de un restaurante, ¿quien se atrevería a comer de un plato al que un mesonero rociara insecticida? Sin embargo, esto es exactamente lo que hacemos a diario. Son múltiples los resultados de investigaciones que revelan la presencia de venenos agrícolas (en concentraciones peligrosas) en nuestros alimentos. En Venezuela se han realizado algunas de estas investigaciones (Prieto
 et al., 2002; Ettiene et al., 2006; Quintero et al., 2008), siempre con el mismo resultado: ¡nos estamos envenenado cada vez que comemos!

La mentira repetida una y mil veces dice que no se puede producir cosechas abundantes sin el uso de venenos. Asumir esta falsedad, pareciera ser un requisito para optar al grado de ingeniero agrónomo. Sin embargo, no existen evidencias que respalden este falso juramento hipocrático. La abrumadora mayoría de los profesionales del agro, repiten como loros esta mentira, pero ninguno puede citar evidencia concreta que la respalde. Por el contrario, son múltiples los trabajos científicos que demuestran que se pueden obtener cantidades iguales o superiores de alimentos sin necesidad de utilizar venenos (Stanhill, 1990; Badgley 
et al., 2008; Posner et al., 2008). El lavado de cerebro ha sido tan efectivo, que los agrónomos no reaccionan ante las más elocuentes de las evidencias.

El modelo de la agricultura química se encuentra profundamente arraigado en la cultura agrícola, esta situación nos obliga a ser creativos en nuestra lucha por salvar al planeta. El proceso de transición desde la agricultura química hacia una agricultura sustentable, está en buena parte determinado por cuatro factores: la actitud de los agricultores, el poder de las compañías de agroquímicos, la posición que tome el gobierno y la presión que ejerzan los consumidores. Este escenario tan complejo, significa que en ocasiones no se puedan alcanzar los objetivos de fondo, en el corto plazo. A veces, para llegar a la meta, hay que hacerlo dando pequeños, pero significativos pasos.

Dada la magnitud del lavado de cerebro, para muchos agricultores es inconcebible conseguir cosechas si recurrir al uso de venenos. Bajo esta situación, una alternativa en la lucha es impulsar la sustitución del uso de los venenos más peligrosos por otros de menor riesgo. Se espera de esta manera, generar una espiral decreciente en la carga de agrotóxicos en nuestros suelos, agua y aire. Este proceso, puede ser acompañado, por la sustitución de venenos por productos biológicos. Finalmente, este proceso nos puede llevar a la implantación de una agricultura de base agroecológica.

Los agrovenenos son clasificados de acuerdo a su peligrosidad, los mas perjudiciales reciben la categorización de 
1a 1b por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los productos 1b son considerados altamente tóxicos y se reconocen por la presencia de una Banda Amarilla en sus etiquetas, mientras que los clasificados como 1a son reconocidos como extremadamente tóxicos y se distinguen con una Banda Roja. Un buen número de los venenos que reciben estas clasificaciones han sido prohibidos en otros países. Muchos de estos venenos han sido efectivamente relacionados con envenenamientos, contaminación de cuerpos de agua, disminución de la biodiversidad e incluso muertes.

Los venenos 
1a 1b representan, sin lugar a dudas, lo peor de la agricultura química. Lograr la prohibición de su uso, sería un logro de suma importancia. En Venezuela se cuenta con un cuerpo legal, que de ser correctamente implantado, puede prohibir el uso de estas sustancias tan peligrosas. En concreto, la Carta Magna plantea que:

La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida… (Artículo 83).

Es un derecho y un deber de cada generación proteger y mantener el ambiente en beneficio de sí misma y del mundo futuro. Toda persona tiene derecho individual y colectivamente a disfrutar de una vida y de un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado… (Artículo 127).

El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población… (Artículo 305).

De igual manera, en Venezuela existen leyes específicas, desarrolladas para regular el uso de venenos y para promover la agricultura sustentable. Dentro de estas leyes, es de particular importancia la Ley de Salud Agrícola Integral. En esta ley se plantea que es función del gobierno:

Establecer los principios y las normas para la aplicación de prácticas responsables de salud animal y vegetal, que aseguren la gestión y el aprovechamiento eficaz de los recursos agrícolas respetando el ecosistema, la diversidad biológica y el patrimonio genético de la Nación (Artículo 2, numeral 9).

Proteger la diversidad biológica y los procesos ecológicos asegurando un ambiente agrícola sano y seguro (Artículo 2, numeral 9).

Promover y velar por el aprovechamiento racional, sustentable y responsable de los recursos hidrobiológicos y la protección de los ecosistemas… (Artículo 2, numeral 13).

El Ejecutivo Nacional, a través de sus órganos y entes competentes deberá aplicar ampliamente el criterio de precaución en la ordenación de la salud agrícola integral, con el fin de preservar, conservar y proteger la soberanía y seguridad agroalimentaria. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, falta de certeza científica absoluta o de información científica adecuada no será motivo para aplazar, dejar de adoptar medidas orientadas a conservar el ambiente… (Artículo 8).

Impedir que las prácticas de control zoosanitario y protección fitosanitaria perjudiquen a la fauna y flora benéfica, a los biocontroladores, al agua, al suelo, al aire y al ambiente en general… (Artículo 21, numeral 9).

A los fines de la transformación del modelo económico y social de la Nación, el Ejecutivo Nacional, a través de sus órganos y entes competentes, aplicará la agroecología como base científica de la agricultura tropical sustentable(Artículo 49).

Impedir progresivamente la producción, distribución, intercambio, comercialización y uso de insumos químicos tóxicos en los sub-sectores: vegetal, animal, forestal, acuícola y pesquero; así como plaguicidas de uso doméstico, industrial y salud pública, fomentando procesos, métodos y productos biológicos inocuos para las especies, en defensa de la diversidad biológica y la salud pública primaria de la población (Artículo 55 numeral 3).

En el cuerpo de la Ley de Salud Agrícola Integral, también se estipula que a partir del primero de Agosto (2009) se abrirá un proceso de reevaluación de los productos registrados. Esta es, sin lugar a dudas, una fecha histórica y 
es el momento oportuno para exigir que se prohíba la comercialización de los productos clasificados como 1a y 1b.

Es importante mencionar que, actualmente en el país solo están registrados 77 productos en la categoría 
1a y 92 en la categoría 1b. Estos apenas representan el 11% del total de productos registrados. Inclusive los más radicales entre los aliados de la agricultura química, estarán de acuerdo en que, una medida de esta naturaleza, no involucraría riesgo para seguridad y soberanía agroalimentaria del país. Sin embargo, una decisión como esta, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte para un gran número de niños en los campos y las ciudades.

Se aproxima una fecha histórica, es responsabilidad de todos asegurar que sea utilizada para el bien de la nación. Las personas que compartimos preocupaciones por el uso de químicos peligrosos, tenemos la responsabilidad de ayudar a cambiar la situación actual. El marco legal existente nos apoya en nuestras aspiraciones, pero es necesario asegurar que la ley sea cumplida ….está en nuestras manos comenzar a romper el pacto con la muerte.

Bibliografía

Badgley C., Moghtader, J., Quintero, E., Zakem, E., Chappell, J., Avilés-Vázquez, K., Samulon, A & Perfecto, I. 2007.
Organic Agriculture and the Global Food Supply. Renewable Agriculture and Food Systems.

Carson, R. 1980. Primavera Silenciosa, Barcelona: Grijalbo.

Ettiene, G. Ortega, S. Sepulveda, J. Medina, D. Buscema, I. Sandova, L. 2006. Dissipation of Organophosphorus Pesticides in Green Onion (Allium fistulosum L), Cultivated in Forced System Called “Barbacoas” Bull. Environ. Contam. Toxicol. 76:415–421.

Goethe, J. W. 2007. Fausto. Madrid: Espasa-Calpé.

Posner, J. L. Baldock, J O. Hedtcke, J. L. 2008. Organic and Conventional Production Systems in the Wisconsin Integrated Cropping Systems Trials: I. Productivity 1990–2002. Agron J 100:253-260.

Prieto, A. Molero, D. Gonzalez, G. Buscema, I. Ettiene, G. Medina, D. 2002. Persistence of Methamidophos, Diazinon, and Malathion in Tomatoes. Bull. Environ. Contam. Toxicol. 69:479–485.

Quintero, A. Caselles, M. J. Ettiene , G. Colmenares, N. G. Ramírez, T. Medina, D. 2008. Monitoring of Organophosphorus Pesticide Residues in Vegetables of Agricultural Area in Venezuela. Bull Environ Contam Toxicol 81:393–396.

Stanhill, G. 1990. The comparative productivity of organic agriculture. Agriculture, Ecosystems and Environment 30: 1–26.

Van Den Bosch, R. 1993. La conspiración de los pesticidas. RAAA.

 

 

 

miércoles, 15 de julio de 2009

Acerca de la ciencia, los científicos y el impacto de los plaguicidas

Ing. Agr. (Ms. Sc) Javier Souza Casadinho

Coordinador regional de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de América Latina

- RAPAL-

Todas las decisiones tienen  su costo, también las decisiones de índole  político como pueden ser la aceptación de prohibir o restringir la utilización de un agrotóxico, como las de permitir su libre comercialización. Por ejemplo  hace un año las autoridades de Alemania decidieron retirar del  mercado dos plaguicidas de amplio uso en Argentina; el imidacloprid y el fipronil. Dicha prohibición se basó en investigaciones que indicaban su incidencia en la vida de las abejas, en este caso provocando alteraciones en el sistema nervioso hasta producir su muerte.  Fue una decisión política basada en información científica condicionada por la necesidad de preservar la vida de las abejas y la actividad de los apicultores.  Mientras tanto en nuestro país, también por una decisión política, se permite la comercialización de una gran cantidad de plaguicidas con un alto costo social y ambiental; intoxicaciones, desarrollo de enfermedades y muerte de seres humanos, pérdida de diversidad biológica, contaminación de los cursos de agua. Como investigador me preocupan tanto las verdades científicas como el impacto social, ambiental y económico que producen los plaguicidas, defendiendo el derecho que nos asiste a vivir en un planeta libre de tóxicos

El conocimiento científico es originado en determinados centros de investigación – públicos y privados -. Generado por investigadores el conocimiento debe reunir algunas características; ser objetivo, sistemático, comprobable, neutral, etc., etc. Una gran parte del conocimiento que hemos creado investigadores del país y de otras naciones, tanto en el ámbito público como privado,  en torno al impacto de los plaguicidas reviste las características de científico, es decir reúne las características descriptas y además fue generado por procedimientos aceptados por quienes hacemos ciencia; proponemos objetivos, hacemos una revisión de los conocimientos existentes, establecemos una estrategia metodológica con fuentes de datos, instrumentos , determinación de muestras , etc.  y lo que es más importantes sometemos el conocimiento que hemos obtenido, así como la estrategia que posibilitaron su obtención, al juicio de otros investigadores y de la toda la sociedad.

Que los plaguicidas causen daño en la salud no  reviste la característica de novedad, cientos de investigadores alrededor del mundo lo afirmamos, y no es una cuestión ideológica, es algo que está probado en ensayos de laboratorio  y en investigaciones de campo, ejemplo las que realizamos en el áreas hortícola de Buenos Aires, en el área de producción de soja en Santiago del Estero, en el área tabacalera Misionera, etc. Conocimiento obtenido por diferentes estrategias metodológicas: los estudios prospectivos y retrospectivos, las historias de vida, los estudios epidemiológicos realizados en las comunidades.

EL DDT no fue prohibido luego de la reunión de Estocolmo realizada en la década del `70. En un largo proceso se fue prohibiendo en cada país. En el nuestro comenzó a prohibirse a inicios de los años ’70  para ser utilizado en baños en animales como antisárnico, pero hasta el año 1995 se utilizó en campañas sanitarias contra los insectos vectores de enfermedades. Aún más, en la actualidad existen zonas del país contaminadas con DDT y otras sustancias que contienen cloro en su estructura, producto del almacenaje de estos plaguicidas obsoletos en pésimas condiciones que determinan su arrastre por el viento y la lluvia y aún el uso por las comunidades que ignoran su capacidad de producir daño.  Situación que pudo constatarse parcialmente a partir de las acciones emanadas del plan de actividades derivadas del Convenio de Estocolmo.

El golpe de gracia al DDT lo dieron tanto la producción del conocimiento científico que demostró como impactaba en la salud como también las luchas de las personas y comunidades afectadas. Claro está que se necesito de personas valientes que lo anuncien y denuncien a la sociedad, este rol lo tuvo Rachel Carlson. La ciencia es una sola, no existe la pseudo ciencia, aunque sí existen pseudocientíficos, de esto podemos obtener una larga lista en los ejemplos enunciados por Marie Monique Robin en el libro “El mundo según Monsanto”.   

La ignorancia sobre la malaria consiste en creer que se puede combatirla solo con DDT. Las causas que originan  la malaria – para América Latina paludismo - se corresponden con las condiciones de vida de las personas: la pobreza, la acumulación de agua, la acumulación de basura. En este caso conviene analizar y tener en cuenta dos aspectos: los países que combatieron la malaria de manera efectiva lo hicieron con mayor empoderamiento de las comunidades, con mayor participación en la limpieza de fuentes de agua y de pastizales, con acceso a medicinas, sin depositar toda la estrategia de manejo del mosquito en técnicas químicas aisladas e ineficaces. Por otra parte la utilización permanente de plaguicidas recreó condiciones de resistencias en los insectos por lo cual se requieren dosis más altas de plaguicidas para matarlos.

Respecto a su toxicidad, el DDT, al igual que otros plaguicidas clorados, han sido incluidos en el listado de plaguicidas que pueden causar cáncer, que al igual que la malaria matan a las personas. Este plaguicida, además de otras sustancias que se acumulan en el ambiente y son resistentes a la degradación, han sido incluidas en el convenio de Estocolmo. Según este convenio más de 100 países han prohibido el uso de DDT y en unos pocos países solo se permite la utilización restringida  para combatir a insectos vectores de enfermedades. No es real que la organización Mundial de la salud revea su prohibición, dado que esta organización promueve la adopción de estrategias de manejo integrales.   Una prueba de esto último la da el informe de expertos sobre la evaluación de la producción y el uso de DDT y sus alternativas para el control d e vectores de enfermedades presentado el  5 de mayo de este año en la reunión del Convenio de Estocolmo realizada en Suiza.   

Respecto a que cada período posee su Rachel Carlson, quizás no exista mejor alago para Marie Monique Robin, pero no está demás afirmar que Marie visito la Argentina invitada por la editorial que imprimió su libro y por la Red de Acción en Plaguicidas de América Latina que junto a, la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Plata , la cátedra libre de soberanía alimentaria de la misma universidad, el Movimiento Agroecológico de América Latina, el foro ambiental de Los Toldos – Bs. As.-, La Cátedra de Sociología y Extensión Rural de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires , FANA del centro de estudiantes de la misma Facultad y Foro Ciudadano de Participación por la Justicia y los Derechos Humanos. Un conjunto de instituciones que hacemos investigación, capacitación, denuncias sobre el impacto de los plaguicidas y sobremanera estamos en contacto con las comunidades afectadas por las aplicaciones de dichos tóxicos. Instituciones y organizaciones que también hacemos investigación y difundimos estrategias para la producción de alimentos de manera agroecológica.

El libro “el mundo según Monsanto” describe, utilizando una innumerable cantidad de citas, investigaciones y entrevistas una serie de estrategias de la empresa para manipular investigaciones y de cómo se ha intentado, en vano, demostrar la inocuidad del los plaguicidas. Resulta importante el capítulo dedicado al 2, 4, 5 T, producto utilizado en Vietnam y que en Argentina se utilizó hasta ser prohibido en el año 1984. En este capitulo se analiza como se prestó poca atención al modo de producción del plaguicida con lo cual no se respetaron las más mínimas normas de seguridad afectando a los trabajadores Estadounidenses, de la misma manera se utilizó indiscriminadamente  para acabar con la vegetación selvática vietnamita. Aún hoy nacen niños afectados por dichas fumigaciones.  

Ahora bien el rechazo a una tecnologia no solo puede darse por la  obtención de conocimiento científico que pruebe su impacto en la salud, sino que pueden existir y deben aceptarse razones de índole filosófica, ética y cultural.

El recorte a las palabras enunciadas por las comunidades, los dichos, las declaraciones no pueden realizarse de manera arbitraria, a lo largo del mundo miles de habitantes de las comunidades brindan muestras con palabras, y marcas en su propio cuerpo, del impacto de los plaguicidas en su salud,  aspecto que les imposibilita el desarrollo de una vida plena.

Las razones por las cuales una sustancia “se pone en el tapete” se hallan relacionadas  con su impacto en la salud. Producto al que se llega luego de un largo y complejo proceso al que se arriba luego de la recolección,  elaboración y análisis de datos donde no solo se analiza su capacidad de producir enfermedades agudas y crónicas sino la existencia de alternativas tanto dentro como por fuera del sistema. Ejemplo de esto último son modos de producción que como la agroecológica permiten producir alimentos sin usar tóxicos.

El 2, 4, 5 T, el paration, el clordano, fueron prohibidos por su impacto en la salud y no por causas derivadas de presiones políticas. Ignorar los mecanismos que se establecen por ejemplo el  convenio de Estocolmo donde se determinan los procedimientos para prohibir o restringir el uso de los productos,  es muy grave. Allí se establecen las normativas, se analizan investigaciones, se requieren pruebas, se hacen estudios de laboratorio, de campo, antes de prohibir un producto. Claro está las discusiones son técnicas y también políticas. Realmente no es  ético considerar de “lamentable” el éxito que se alcanzó prohibiendo sustancia altamente contaminantes y que evitaron la muerte de niños, adultos – mujeres y hombres-, cientos de productores, trabajadores y habitantes de zonas colindantes a los campos fumigados.    

La agricultura moderna realizada en Argentina basada en  la adopción de un paquete tecnológico asentado en semillas transgénicas, fertilizantes , herbicidas e insecticidas posee un gran impacto ambiental, por lo cual no es creíble la afirmación de que hayan realizado un gran servicio al ambiente, muy por el contrario han producido contaminación de ríos y arroyos, pérdida de diversidad, desmonte , etc. Incluso han impactado en otras actividades como la apicultura. No se puede hablar de sustentabilidad cuando se requiere la adopción de un paquete tecnológico altamente demandante de capital, para los que pueden aplicarlo, de energía y con impacto ambiental-

Resulta triste e indignante que miles de personas en el mundo vean afectada su vida a causa de los plaguicidas .Tenemos muchos ejemplos e historias de las prohibiciones de los plaguicidas realizadas en Argentina.  Es preocupante la continuidad en el mercado de una gran cantidad de productos altamente peligrosos. Continuidad y acceso basada en decisiones políticas, relacionadas con presiones  empresariales preocupadas por la rentabilidad a corto plazo. Por su parte a quienes defendemos la existencia de una producción agropecuaria rentable y verdaderamente sustentable nos preocupa el respeto por la vida de los seres humanos y del resto de los seres vivos que habitamos este planeta y con los cuales somos interdependientes. Mal que nos pese, la  ciencia y la ideología se mezclan porque ambas las hacemos seres humanos, y de esto leyendo el libro “El mundo según Monsanto” y analizando la realidad Argentina y mundial tenemos muchos ejemplos de cómo en vano se intenta manipular los resultados de las investigaciones que siempre hablan por si mismos.